Tras un agitado ascenso de aproximadamente 40 minutos por uno de los flancos empinados de la Loma de Mauta, desde la cima se observa la Villa de San Felipe de Oña con su atmósfera lavada, y por lo mismo transparente, al igual que sus diferentes mágicos contornos. Desde la cima de la elevación de 500 metros se domina Uduzhapa o cerro partido, Las Cochas, Las Nieves, Nabón, Susudel, Pullicanga, Puetate, Zhurupamba, la hacienda más antigua de Oña, Putushío, donde hay vestigios de un viejo cementerio Cañari, Tadel, Zhila, Pucará, el centro urbano, Tablón, río San Felipe, Potrerillos, Carboncillo, entre otros atrayentes sectores. Pero también allí en la cima, lugar sembrado de antenas que posibilitan el desarrollo de las telecomunicaciones, subsiste firme al paso del tiempo una capilla de gruesas paredes de adobe construida hace más de 100 años. El ascenso a la Loma de Mauta, casi al declinar la tarde, no solo es un regalo de la naturaleza que muestra a las anchas las pinceladas de su mano, sino un misterioso soplo que fortalece la paz espiritual y calma los efectos del esfuerzo físico.
Fuente: Diario El Mercurio






